Errores a evitar en una traducción jurídica

La traducción jurídica es una de las modalidades más exigentes. Se requiere experiencia en el campo y precisión para tratar la terminología con sumo cuidado. Al fin y al cabo, los documentos que se manejan suelen tener cierto carácter sensible o relevancia para trámites burocráticos. Por ello, no se deben escatimar recursos y es recomendable acudir a un traductor o agencia especializada.

Es habitual que los traductores menos experimentados comentan fallos de bulto al no estar acostumbrados a manejar estos documentos. Lo primero de todo es la manera de afrontar el texto. Este no es un trabajo que se pueda hacer a la carrera o sin poner los cinco sentidos. Hay que estar al 100 % y no dejar escapar ningún detalle, ya que de lo contrario las consecuencias pueden ser muy graves.

La importancia de manejar bien documentos sensibles

La falta de minuciosidad es uno de los errores más típicos en estas traducciones. Eso puede suponer que el texto meta no sea válido en el país de destino, suponiendo una serie de trabas burocráticas que pueden requerir una nueva traducción y los consiguientes costes. Por eso insistimos en la importancia de confiar estos trabajos a profesionales realmente cualificados.

Otro error muy común es dar cosas por supuesto en lugar de hacer un trabajo de documentación fehaciente. Hasta la última coma debe estar puesta en su sitio y por eso los traductores jurídicos suelen trabajar con dos pantallas simultáneamente. De esta manera, pueden cotejar la traducción con el texto que están produciendo de manera cómoda y rápida, lo que garantiza que los referentes se están manteniendo de una manera comprensible para el público objetivo.

Por último, un fallo imperdonable que vemos en algunas traducciones jurídicas, y que en realidad se puede hacer extensible al resto de modalidades, es que una vez traducida la última palabra no se puede dar por finalizado el trabajo y enviarlo. El control de calidad al que deben ser sometidas las traducciones jurídicas implican una revisión profunda, que en ocasiones es llevada a cabo por una persona diferente a la que ha traducido, con el objetivo de darle un toque de objetividad y es que cuatro ojos ven mejor que dos. Además, al no estar “contaminada” por el original, esa persona tiene una mayor capacidad de discernir si el texto meta suena natural o no.

En definitiva, el mejor consejo que se puede dar a quien necesite una traducción jurídica es, primeramente, contratar a un profesional. En la gran mayoría de los casos, los traductores con experiencia no incurren en los errores que aquí hemos comentado, pero si quieres tener total confianza de que la traducción será totalmente fiable, contacta con MC Traducciones porque estamos acostumbrados a gestionar este tipo de proyectos y la satisfacción de nuestros clientes nos avala.

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